Héroes con arrugas.

De repente, llega un día en el que valoras cada bocanada de aire, en el que te vuelves frágil y te vas rompiendo. Tu piel se adorna con arrugas que guardan más historias de las que se puedan contar en cualquier trilogía, tus huesos se vuelven indefensos y todo duele, echas de menos la fuerza que años atrás te dejaba corretear por las calles que hoy apenas recuerdas, te parece que todo cambia muy rápido y que las cosas son más difíciles cada día que pasa. Los días empiezan a ser retos, las palabras se te escapan como arena entre los dedos, no hay un hueco en tu memoria para quien duerme a tu lado pero podrías describir con exactitud el centro de salud al que vas cada semana. Y maldices al tiempo, por quitarte de golpe tantas cosas.

“Te estás volviendo viejo” dicen, como si se tratara de un móvil de última generación que se ha quedado atrás y ya no es moderno, pero ni siquiera ésa es una buena comparación; porque a un móvil lo respetan, un móvil no les estorba, a un móvil le dan un valor que ni si quiera tiene, con un móvil hasta tienen paciencia, pero con vosotros, abuelos, con vosotros muchos no la van a tener.

Y es una pena, porque los abuelos son y serán lo más grande que tendremos jamás.  Los míos son lo que yo llamo ” mi fuerza invisible”, esa que desgraciadamente ya no veo pero que siento en todo momento, esos héroes con arrugas que se fueron pronto pero que derrotaron a todos los monstruos.

“Cuando se me caiga la comida y olvide cómo atarme los zapatos recuerda el tiempo que pasé enseñándote las mismas cosas. Si cuando hablas conmigo repito la misma historia que tú conoces de sobra, no me interrumpas y escúchame porque cuando eras pequeño para que te durmieras tuve que contarte miles de veces el mismo cuento hasta que cerraras tus ojos. Cuando haga mis necesidades frente a otros no me avergüences,  no tengo culpa de ello, no puedo controlarlo; piensa cuántas veces te ayudé de niño pacientemente. No me reproches porque no quiera bañarme ni me regañes por ello, yo te perseguía e inventaba mil pretextos para hacerte más agradable el baño. Si me fallan mis piernas dame una mano para apoyarme como lo hice yo cuando comenzaste a caminar. Cuando me veas inútil e ignorante frente a todas las cosas que sabes y que no podré entender, te suplico que me des el tiempo necesario para no lastimarme con una sonrisa o con tu indiferencia.

Acéptame y perdóname, ya que el niño ahora soy yo

Y para quien no lo sepa, mi debilidad son los niños, pero también los niños grandes. Por eso tengo tan claro a qué quiero dedicarme. Porque en la vida podemos hacer dos cosas, amar lo que hacemos o hacer  lo que amamos,  y si conseguimos cumplir una de esas premisas, la otra va de la mano.

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